lunes, 31 de marzo de 2014

Maripaz y sus cabras (cuento educación financiera)

El siguiente cuento fue realizado para los niños de la Caravana de la Red de la Gente. Esperamos, Lulita y yo, que les guste.
Querida prima Concha:
Por mi abuela Lupe, que es también tu tía abuela, sé que perteneces a nuestra familia, pero, tú vives lejos allá en una ciudad, y yo, aquí mero, en Sonora. No te conozco, pero mi abuela me ha platicado mucho de ti. Por eso te escribo, para que aunque sea por carta nos podamos conocer.
Mi nombre es Maripaz. Mi más grande tesoro después de mi familia son mis cabras. A ellas las aseo, las alimento, las cuido y después…las vendemos. Sí, aunque nos gustaría poder tenerlas hasta que fueran muy viejitas, pero, eso aquí en el Norte de México -al menos no entre nosotros-, se puede hacer, porque necesitamos el dinero para vivir.
¿Quién crees que me enseñó este oficio de pastorcita? ¡Pues, la abuela Lupe! Ella, como tú sabes, tiene esa magia especial para tratar a los animales, pues sólo con volver el rostro hacia donde están, hace que caminen hacia ella. Así es como reunimos al rebaño en las tardes sofocadas de color naranja.
Mi abuela Lupe siempre ha sabido que yo no tengo esa magia extraña que ella posee…y conociendo esto, y mi amor por nuestras cabras, me hizo un maravilloso obsequio,…. ¡me regaló una flauta!
En esos lugares de viento y tanto sol conocí la música. Sí; mi abuela me enseñó a conocer las notas musicales y a entonar las canciones que más me gustan, y descubrí que a todas nuestras cabras les encanta el sonido que sale de esta cañita, que es mi flauta. A mí, nuestras cabritas, me siguen por la música, como siguen a mi abuela por ese no-sé-qué que ella posee.
Prima, así era nuestra vida, hasta que un día pasó algo inusual. Mi abuela me despertó muy de mañana y me dijo preocupada:
-¡Maripaz, hoy tendremos que vender nuestras cabritas!
-¡¿Cómo?! – le pregunté casi llorando.
-Sí, mi niña, ha pasado una desgracia: nuestros ahorros, es decir, los billetes, se los comió el burro. Los encontró justo debajo de la piedra donde yo los guardaba en una bolsita de plástico. Ah condenado, no sé cómo le hizo, pero sólo encontré las monedas y unos cuantos billetes, eso sí, todos mordisqueados.
-¡Santo cielo!- exclamé yo- pos ora no tenemos para comprar alimento para nuestras cabritas.
-¡Ni para nosotras!- contestó mi abuela alarmada.- Así que prepárate y llevemos a nuestro rebaño al mercado.
Así lo hicimos. Yo no iba tan triste pues mi abuela me había prometido que sólo vendería a a nuestras cabritas a un buen comprador, uno que fuera cuidadoso y bondadoso. Sin embargo, en el trayecto por la sierra ocurrió algo…extraño. La Francisca, mi cabra favorita, presintió que ese día tendría otro dueño. Entonces pegó la carrera a uno de los montes más altos y allí, en la mera cumbre, se quedó pastando solita. Bueno, pues ni la famosa magia de mi abuela hizo que la cabrita regresara. Entonces saqué mi flauta y toqué la canción que más le gusta. El animalito paró la oreja y escuchó; y como no queriendo empezó a bajar del monte y muy fresca se acercó a mí.
Ese día la señora Imelda, vecina de un pueblo cercano, nos compró a la Francisca, a la Chole, a Venancia y a Juanita. ¡Nos pagó una fortuna por ellas!
Ya en casa, mi abuela hizo cuentas y una pequeña parte del dinero me la dio a mí, me dijo que era un pago por mi trabajo. Yo me puse feliz. Ah, e hice una alcancía para guardar mi dinero. No sea que al burro se le vuelva antojar comérselo. La otra parte del dinero la llevamos a una Caja de Ahorros, pues allí estará súper seguro.
Prima, a esa aventura, yo le he compuesto una canción, que empieza así:
“Hay que ser prevenidos y cuidar nuestros ahorros….”
Bueno, prima, te he platicado casi todo lo que para mí es importante. Entiendo que vivimos en ciudades distintas y por lo mismo, tenemos costumbres diferentes. Por favor, escríbeme y cuéntame cómo es tu vida por allá.
Te quiere, tu prima Maripaz.
PD. Mi abuela Lupe te manda muchos besos.
Fuente y Autorización de la Autora: Verónica Huacuja / www.veronicahuacuja.com.mx

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